El sector financiero está atravesado por una paradoja difícil de ignorar: los profesionales de la inversión comprenden perfectamente los sesgos que afectan a los inversores particulares, pero no siempre reconocen esos mismos mecanismos cuando operan en su propio ámbito.
En el segmento minorista, el funcionamiento es conocido. Las entidades no comercializan toda su gama de fondos, sino aquellos que han destacado recientemente. Dado que las gestoras crean numerosos productos con estrategias diversas, es estadísticamente probable que alguno muestre buenos resultados durante un tiempo. Ese fondo se convierte entonces en el escaparate comercial, mientras los demás desaparecen o se integran en otros vehículos. El inversor, sin visibilidad sobre este proceso, interpreta esos resultados como habilidad, cuando en gran medida responden a selección y supervivencia.
Lo relevante es que este mismo mecanismo se reproduce en el ámbito institucional. Las grandes gestoras internacionales también concentran su discurso en los productos que han funcionado, ocultando el conjunto de la muestra. A pesar de su experiencia, muchos profesionales no identifican este sesgo cuando se presenta con mayor sofisticación, apoyado en narrativas más elaboradas y procesos de análisis más formales.
El resultado es recurrente: inversiones que no cumplen las expectativas una vez que se materializan. La decepción no proviene necesariamente de un error puntual, sino de un modelo donde la comercialización se centra en las historias de éxito, no en la realidad completa.
Dos ideas permiten entender este fenómeno. Por un lado, los incentivos del negocio: captar patrimonio exige presentar la historia más atractiva disponible. Por otro, la evidencia histórica: los fondos concretos que ocupaban las carteras hace años rara vez son los mismos hoy, aunque las marcas permanezcan.
En contraste, los productos que perduran suelen estar vinculados a estructuras más pequeñas, donde la continuidad en la gestión y la menor presión comercial parecen jugar a favor. Esto plantea una cuestión de fondo: si sobreviven quienes menos capacidad tienen para vender, quizá su ventaja esté en otro lugar.
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