Todos los imperios acaban cayendo. Lo mismo ocurre con las empresas. Muchas compañías que ayer estaban en auge, hoy están en declive. No están más baratas, van claramente a menos. Aunque mantengan el mismo nombre y todo parezca igual ya no son lo que eran. Los clientes y los mercados evolucionan más rápido de lo que parece.
En este contexto, hay muchísimos inversores que no vigilan sus inversiones. Se justifican diciendo que son inversores a largo plazo. Algunos dicen que sus acciones las heredarán sus hijos porque no tienen intención de vender y otros cuando heredan no se atreven a vender los valores heredados. A veces es el coste fiscal lo que echa para atrás, nunca es buen momento para pagar impuestos, otras veces es el miedo a tomar la decisión equivocada. El caso es que a muchas inversiones le salen telarañas y cuando se quiere actuar es demasiado tarde.
Puedes leer el artículo completo en El Confidencial, en el blog Rumbo Inversor de Juan Gómez Bada